No obstante, el dato positivo que trae el COVID-19 es que el número de fallecidos en el conjunto del año se estima que se verá reducido en un 27%, con un total de casi 600 muertos frente a los 800 del año anterior en estas carreteras por las restricciones en la movilidad.

La vida confinada en la que hemos vivido estos dos últimos meses para frenar la expansión de la pandemia del COVID-19 ha tenido consecuencias positivas en los accidentes de tráfico. Las imágenes habituales de atascos por la operación salida de Semana Santa o el Puente de Mayo han dado paso a fotogramas de carreteras excepcionalmente desiertas, como recién salidas de una película de ciencia ficción, que han dejado cifras positivas en relación a los accidentes de tráfico. Así, según datos de la DGT, entre el 15 de marzo y el 7 de mayo de este año, la movilidad se ha reducido en torno a un 70% y los fallecidos al volante han descendido un 69%.

Pero no se puede bajar la guardia. La recuperación de la movilidad traerá también un aumento de los accidentes de tráfico en los próximos meses, especialmente en las carreteras convencionales no sólo por la vuelta a la normalidad, sino que además, habrá que sumar nuevos factores de riesgo que incidirán especialmente en los desplazamientos de largo recorrido: habrá más viajes de turismo nacional y de interior que en años anteriores por las dificultades de salir al extranjero, con un probable repunte en el uso del coche privado, cuyo parque móvil está muy envejecido.

No olvidemos que, según las principales conclusiones del estudio de la Fundación Línea Directa, “Carreteras convencionales: el agujero negro de la seguridad vial”, elaborado en colaboración con Centro Zaragoza, en la última década (2009-2018), las carreteras convencionales han sido el escenario de 7 de cada 10 fallecimientos en accidentes ocurridos en vías interurbanas, con un total de 10.500 muertos, multiplicando por 3 el número de fallecidos de las autopistas y autovías.

La Fundación Línea Directa, en colaboración con Centro Zaragoza, ha estimado que este año los muertos en las carreteras secundarias en España volverán a suponer un 75% de los fallecidos de las vías interurbanas, un dato similar al conjunto de la década.

En relación al índice de letalidad de las vías interurbanas, las carreteras convencionales multiplican por 1,5 veces la letalidad frente a las autovías y autopistas (2,8 fallecidos por cada 100 víctimas, frente a 1,8), aun teniendo en cuenta que las carreteras convencionales tienen limitada la velocidad a 90 km/h como máximo. El número de heridos graves también es más elevado en carreteras secundarias y representa un 72% del total registrado en vías interurbanas. 

Ante la actual situación de progresivo desconfinamiento y la vuelta a los niveles habituales de movilidad, la Fundación Línea Directa, en colaboración con Centro Zaragoza, ha estimado que este año la situación se agravará, dado que los muertos en las carreteras secundarias en España volverán a suponer un 75% de los fallecidos de las vías interurbanas, un dato similar al conjunto de la década.

En la última década (2009-2018), el 75% de los fallecidos en vías interurbanas se han producido en las carreteras convencionales (10.500 muertos), multiplicando por 3 el número de fallecidos de las autopistas y autovías. En 2018, Castilla-La Mancha registró un 4% de los fallecidos en vías convencionales a nivel nacional.

No obstante, el dato positivo que trae el COVID-19 es que el número de fallecidos en el conjunto del año se verá reducido en un 27%, con un total de casi 600 muertos frente a los 800 del año anterior en estas carreteras.

Accidentes muy violentos con infracciones graves

Los accidentes en las carreteras convencionales son de una violencia extrema. La salida de vía, sobre todo en las rectas, es el accidente más repetido en las carreteras secundarias (35%), y generan una alta mortalidad, con un 37% de los muertos. Por frecuencia, le siguen los siniestros por colisión frontal y frontolateral (23,5%), que generan un 28% de los fallecidos, aunque en el caso de la colisión frontal tiene una tasa de letalidad 2 veces superior a las salidas de vía. Entre los factores concurrentes se encuentran las distracciones, la velocidad inadecuada, el cansancio y el consumo de alcohol y/o drogas.

Al comparar la accidentalidad entre las vías interurbanas, los datos son alarmantes: el índice de letalidad de las carreteras convencionales multiplica por 1,5 veces el de las autovías y autopistas. 

La presencia o no de arcén en este tipo de vías tiene también una importante incidencia: un 78% de fallecidos en carreteras convencionales se produjo en vías sin arcén o con dimensiones inferiores a 1,5 metros.

En cuanto al momento del accidente, los meses de junio a septiembre son los que mayor siniestralidad registran: un 40% de las muertes en estas vías tiene lugar en verano. No es de extrañar, por tanto, que el nexo común de los puntos negros más peligrosos de las carreteras convencionales sea su cercanía a la costa.

Si bien es cierto que, durante el periodo de confinamiento, los fallecidos se han visto reducidos en las carreteras secundarias, no hay que bajar la guardia: este verano se espera un mayor volumen de desplazamientos internos, por turismo nacional, y un mayor uso del coche privado, cuyo parque está muy envejecido.

TOP 5 de puntos negros en carreteras convencionales

Por Comunidades Autónomas, en términos absolutos, Cataluña ocupa el primer puesto en cifra de fallecidos en carreta convencional (17%), seguida de Andalucía (13%). En contraposición, Euskadi (0,7%) y Cantabria (1%) son las regiones con menos muertes en sus carreteras secundarias. Castilla–La Mancha ha tenido el 4% de fallecidos del 2018 en este tipo de vías.

Si relativizamos estos datos al número de accidentes por kilómetros de vía, Cataluña (0,48) y la Comunidad de Madrid (0,45), son las regiones con más accidentes por kilómetro, muy por encima de la media nacional, que está en el 0,23. Castilla-La Mancha (0,03) es la región con menos accidentes por kilómetro. Al igual que Navarra, Extremadura y Aragón (0,06).

En cuanto al Top 5 en peligrosidad y concentración de accidentes en las carreteras convencionales en 2018, identificados en función de la intensidad media diaria de tráfico y el índice de siniestralidad, lo constituyen el tramo del km 5 al 8 de la CV-821, en Alicante; el tramo del km 1 al 4 de la CV-670, en Valencia; el tramo del km 2 a 5 de la GR-3304, en Granada; el tramo del km 104 al 107 de la PO-311, de Pontevedra; y hasta cinco puntos negros repartidos por la N-634, entre Guipúzcoa y Vizcaya.

¿Qué opinan los conductores castellano-manchegos de las vías secundarias?

El estado y mantenimiento de estas carreteras es fuente de crítica para casi 7 de cada 10 automovilistas castellano-manchegos, los mismos que afirman sentirse más seguros al circular por autovías. Entre los puntos más peligrosos de las vías convencionales, los conductores citan, por este orden: presencia de animales, intersecciones y cruces y visibilidad e iluminación. En cuanto al tipo de usuario, los ciclistas son vistos como los más peligrosos por el 35% de los conductores de Castilla – La Mancha.  

Casi 9 de cada 10 castellano-manchegos reconocen haber cometido alguna conducta ilegal en carreteras convencionales, siendo el exceso de velocidad (83%) la más común.

Pero los propios conductores no están exentos de culpa, pues un 86% de los castellano-manchegos admite haber cometido conductas ilegales e irresponsables al circular por vías secundarias. Superar el límite de velocidad (83%) es la infracción más repetida, seguida de no respetar la distancia de seguridad (33%) y estacionar el vehículo en el arcén (14%).

Entre las medidas mejor acogidas para mejorar la seguridad vial de las carreteras convencionales, el 96% de conductores castellano-manchegos está a favor de desdoblamientos de carriles en los tramos más peligrosos. Es más, un 42% estaría dispuesto a pagar un peaje para costearlos.Sin embargo, tienen una percepción más negativa respecto a la instalación de radares; solo los aplauden un 24% de conductores de Castilla – La Mancha.

Ficha metodológica

Para la realización del informe, Fundación Línea Directa ha contado con el apoyo de Centro Zaragoza, que ha analizado la base de datos ARENA de la DGT mediante la aplicación de análisis estadísticos descriptivos de los accidentes en carretera convencional de la última década disponible (2009 y 2018). Además, la consultora MDK ha realizado más de 1.700 entrevistas a españoles mayores de 18 años ponderadas por territorios, sexos y edades, con un margen de error de +/-2,4%. El trabajo de campo se produjo entre el 28 de febrero y 6 de marzo de 2020. Para la elaboración del estudio, se han analizado además datos de la Asociación Española de la Carretera, el Ministerio de Industria, Energía y Turismo y el Institut de Transit i Seguretat Viària de la Universidad de Valencia.

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